Cada vez que agarraba mi celular, y veía mi fondo de pantalla, una foto mía con Walter, me deprimía. Llamé a Vale para juntarnos un poco, ya que eran vacaciones de invierno podíamos estar mucho tiempo juntas, porque las dos aprobamos todo. No me atendía, así que traté de otra vez pero me atendió su papá.
-¿Sabés dónde está Vale? - dijo.
-Ehm, no - respondí.
-Ay no sé dónde está, me preocupa - fue lo último que escuché cuando ya se empezaron a escuchar los 'tu, tu, tu' que daban señal que había colgado.
Esos tres días sin saber de la existencia de Vale, fueron muy duros y estresantes para mi. Nadie sabía completamente nada sobre eso, y todavía era más estresante saber que tenía en mi cuerpo otro ser vivo que dependía de mi.
Caminaba, caminaba en círculos con el celular en la mano esperando que Vale me llame. Sonó mi celular y atendí sin mirar quién era.
-¡Hola! ¿quién eres? - pregunté con una sonrisa.
-Yo - se oyó una voz idéntica a la de Val, sabía que era ella.
-¡VALERIA SOLEDAD BARONI! - grité.
-Estoy en la puerta, abrime - río.
Salí corriendo hacía la puerta, pero no me di cuenta y me comí la pata de una silla y me caí, al igual que se cayó mi teléfono. Lo agarré pronto y lo volví a poner en mi oído.
-¿Qué pasó?
-Me caí - dije, con voz temblorosa mientras me paraba e iba hacia la puerta.
-¿Sabés lo que significa? - dijo, mientras abría la puerta.
-Sí - dije, cerrando el celular y abrazándola.
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