Esos días fueron muy tristes para mi, era la perdida de una personita que dependía de mi, todavía no caía. Un día me senté en el piso con una lámpara, a leer. Entraba en el mágico mundo de ese libro, podía sentir esa emoción, esa tristeza o esa desesperación. Pero algo interrumpió, me levanté lentamente a abrir la puerta, seguro era Vale porque ella dijo que iba a venir, pero cuando la abrí me di cuenta que no, que no era ella. Me sentí feliz, luego de tanto tiempo podía ver a esa persona, la que me hizo tan feliz y a la vez sufrir tanto. Esa persona que siempre amé y que no iba a dejar de hacerlo, porque hizo que me de cuenta que todos tenemos una persona que nos ama y daría muchísimo por nosotros. Simplemente lo besé, extrañaba eso, extrañaba sentir cómo me enamoraba cada vez más y más sentir sus labios.-Te extrañé - musité en su oído.
-Yo también - dijo, y volvió a besarme.
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